Es ese sonido, ruido espantoso que me persigue en recuerdos y siempre vuelve.
Me desgarra haciéndome frágil, por miedo a perderte, a que te rindas a él y te lleve consigo.
La impotencia reina y me hace débil, me deja sin fuerzas y me ahoga en el silencio.
Callando mi voz, arrancándome el alma.
Impotencia de ver como poco a poco rompes en trocitos tu corazón,
despedazándote a ti misma,
quitándote momentos sin vivir,
sueños por cumplir,
robándote vida.
Y no puedo hacer nada más que oirte a lo lejos,
y llorar unas lágrimas que ya no caen porque están gastadas.
Y rezarle al cielo para que te de fuerzas para salir de aquí,
voluntad para hacerlo.
Quiero recuperarte y rescatar esa sonrisa que tanto añoro,
pero nada puedo hacer.
Ruego a tu alma esa fuerza que tanto necesitas,
que tanto necesito al abrazarte y no notarte,
al sentirte vacía por dentro, cubierta por el dolor.
Pero no puedo hacer nada más que pedirte que no lo hagas,
que no es necesario hacerte sufrir así,
que lo hagas por ti,
por mí,
por nosotras.
Y me encojo por dentro e intento desaparecer, no quiero estar aquí.
No oigo mi corazón, debe estar sufriendo a tu lado,
luchando contigo como debería estar yo,
como lo hace mi alma.
Y es la impotencia que me paraliza,
la que me hace sufrir en silencio callando mis labios,
la que me impide ir hacia ti mientras escucho tu llanto,
ese que tantas noches he llorado.
Y sé que mi interior tiene que estar abrazándote como no lo puedo hacer yo,
tus ojos mojados, cansados, reposan en mis hombros
mientras yo callo al no salir las palabras,
al clavarse en mí tus lágrimas como puñales
directos al corazón.
¡Tú vales más que todo esto!
Sé fuerte como siempre lo has sido y vence,
Calla al dolor, vence al miedo.
Ríe, sonríe, puedes ser feliz, no es tarde.
¡QUIÉRETE!
Vuela como el viento,
flota como el mar,
estoy aquí, contigo,
como siempre lo he estado.
