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domingo, 1 de diciembre de 2013

Yo no soy yo


Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pié cuando yo muera.


Juan Ramón Jiménez


miércoles, 23 de enero de 2013

Te espero


Te espero cuando la noche se haga día,
suspiros de esperanzas ya perdidas.
No creo que vengas,
lo sé, sé que no vendrás.


Sé que la distancia te hiere,
sé que las noches son más frías,
sé que ya no estás.

Creo saber todo de ti.
Sé que el día de pronto se te hace noche:
sé que sueñas con mi amor,
pero no lo dices,
sé que soy un idiota al esperarte,
pues sé que no vendrás.


Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá,
yo aquí,


[...]

M.Benedetti


Te amo sin saber como


No te amo como si fueras rosa de sal, topacio 
o flecha de claveles que propagan el fuego:
te amo como se aman ciertas cosas oscuras,
secretamente, entre la sombra y el alma.

Te amo como la planta que no florece y lleva 
dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores,  
y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo 
el apretado aroma que ascendió de la tierra.

Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde,
te amo directamente sin problemas ni orgullo:
así te amo porque no sé amar de otra manera,
sino así de este modo en que no soy ni eres,
tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía,
tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.





"Cien Sonetos de amor" 
Soneto XVII, PABLO NERUDA




miércoles, 26 de diciembre de 2012

Tiempo sin tiempo


 Preciso tiempo, necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él...
Tiempo
en blanco
en rojo 
en verde
hasta en castaño oscuro
No me importa el color 
Cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta...

Tiempo para mirar un árbol, un farol
para andar por el filo del descanso,
para pensar qué bien hoy es invierno
Para morir un poco 
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda

Preciso tiempo, 
el necesario para chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
Tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
Y para estar al día
para estar a la noche
Tiempo sin recato y sin reloj

Vale decir preciso
o sea necesito
digamos que me falta
tiempo sin tiempo...


Mario Benedetti

lunes, 2 de julio de 2012

Alfonsina Storni - Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos. 

Alma que puede ser una amapola
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola. 

Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares
Dioses que no se bajan a cegarla;

Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve,
En tristezas clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de las estrella.




Alfonsina Storni (1892-1938), escritora argentina nacida en Suiza en 1892, en la región de habla italiana. Vivió en Rosario, estudió Magisterio en la Escuela Normal y fue profesora de arte dramático, hizo alguna incursión en el teatro, pero lo más conocido de su obra son sus libros de poemas.
Comenzó su carrera literaria en 1916 con La inquietud del rosal, que recoge las sugestiones intimistas y sentimentales de un post-romanticismo, y publicó El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
Después realizó viajes a Europa, en 1930 y 1934, que influenciaron en su obra, se sumó a este cambio, su azarosa vida amorosa y su lucha por el papel de la mujer en la sociedad de la época, además de manejar el tema de la sinceridad erótica. Publicó en esta etapa Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Escribe con menos cánones, y con expresión libre y desprejuiciada.
Se suicidó en 1938 en Mar del Plata, sintiendo la impotencia ante el dolor producido por el cáncer de mama. La noche anterior a que se tirara al mar en la playa La Perla, escribió un poema, que envió al diario argentino La nación, y que fue publicado con su necrológica: “Voy a dormir”, poema que se cree que estaba dirigida a su hijo.





lunes, 4 de junio de 2012

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo
                                                         
pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti

sábado, 21 de abril de 2012

Me tiraste un limón, y tan amargo...



Me tiraste un limón, y tan amargo, 
con una mano cálida, y tan pura, 
que no menoscabó su arquitectura 
y probé su amargura sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo 
dulce pasó a una ansiosa calentura 
mi sangre, que sintió la mordedura 
de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa 
que te produjo el limonado hecho, 
a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa, 
y se volvió el poroso y áureo pecho 
una picuda y deslumbrante pena.

Miguel Hernández