viernes, 27 de abril de 2012

Marchitando.


Mi amor se marchita como la esperanza de que vuelvas. Como el grito de quien pide socorro sin ser rescatado. Como el llanto y los susurros, y aquel jardín de otoño que me atrapa. Palabras sin habla que fueron rosales en flor, besos que enternecieron al mismo cielo. Pétalos que deshojaron la noche y trajeron la oscuridad. No es de noche pero no se ve nada. Todo está en silencio, pero los pájaros aún cantan. El viento se lleva tu voz y me roba la mía. Y en este silencio mis ruegos no se oyen. Mientras el fin amenaza con llegar pronto. Caricias al aire que son más a tu alma que a mi voluntad. Porque aunque prometí luchar para olvidarte, me reta tu añoranza. Porque sin ti no hay rosas rojas ni paraíso que merezca ser mi hogar.





El amor, como las flores, sino lo cuidas y lo alimentas día a día, vive durante algún tiempo, pero al final siempre acaba marchitando.
La verdad duele no cuando vamos en su búsqueda,


 sino cuando huimos de ella.

sábado, 21 de abril de 2012

Me tiraste un limón, y tan amargo...



Me tiraste un limón, y tan amargo, 
con una mano cálida, y tan pura, 
que no menoscabó su arquitectura 
y probé su amargura sin embargo.

Con el golpe amarillo, de un letargo 
dulce pasó a una ansiosa calentura 
mi sangre, que sintió la mordedura 
de una punta de seno duro y largo.

Pero al mirarte y verte la sonrisa 
que te produjo el limonado hecho, 
a mi voraz malicia tan ajena,

se me durmió la sangre en la camisa, 
y se volvió el poroso y áureo pecho 
una picuda y deslumbrante pena.

Miguel Hernández

miércoles, 18 de abril de 2012

Restos de abril


Llévate los restos de abril,
llévate los besos que jamás te di, 
y los segundos de mi reloj.


Llévate tu piel y el dolor,
llévate tu nombre lejos de mi voz.


Déjame el silencio.


Llévate mis sueños y el universo
que se vuelve tan pequeño...




Me desbarata tu amor fugaz
que a veces hiere, a veces mata.


Llévate esta absurda verdad,                                                
dime dónde guardo tanta soledad.

Llévate contigo tu voz, y jamás me digas adiós.

Llévate mis sueños, y el universo


que se vuelve tan pequeño...     




Camila

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra

Duele pensarlo, aún más sentirlo. 



Sé que es inevitable equivocarse, que nunca podemos tenerlo todo bajo control, pero debo confesar que me cansa. Darlo todo por un nada a cambio, por razones de un gran sinrazón que no llego a comprender. Es como un miedo a equivocarme que me quita la prisa de vivir al demostrarme que si bajo la guardia volveré a caer. Los mismos errores, las mismas escusas, que cambian de voz pero hacen el mismo daño. Las mismas promesas de amor que juré que jamás creería. La sensación de sentirme como una brújula rota, marcando una dirección errónea, dando pasos en falso. La inercia me guía porque empiezo a no ser yo, y es entonces cuando caigo en la cuenta. Vuelvo a recordar que nunca nada ha sido como yo he querido, que no ha habido yo, y que debo evitarlo. Y que todo se repita me lleva a pensar que quizá jamás será diferente, que es el precio a pagar por unas elecciones que poco a poco se van llevando parte de mi vida. 

Vuelvo a tropezar, pero esta vez no caeré, sé que no lo merezco.





El juego parece diferente pero el final acaba siendo el mismo. 


martes, 3 de abril de 2012

Después

Él quiere más y ella no sabe ni lo que quiere. Se deja llevar. Le pide que le lleve a otro mundo, que le haga ver las estrellas. Él la besa dulcemente en la frente, sus labios se buscan incesantes. Su cuerpo le llama, le busca y ella se deja. Él se enciende, ahora ya no hay vuelta atrás. La carrera entre botones y cremalleras empieza, las respiraciones aumentan marcando el ritmo de sus deseos. Él baja apresuradamente su mano, la excita y ella siente como su piel empieza a quemar, casi tanto como lo hace su conciencia. Sus cuerpos van al compás. Ahora son uno.




 A él le invade el deseo, el fuego arde en sus ojos, se desprende por cada poro de su piel. Ella disfruta de su cuerpo pero no puede evitar notarse vacía por dentro. Se pregunta si algún día el placer llegará a complacerla tanto como tan sólo un poco de amor. Él la besa ardiente, recorre todo su cuerpo y le regala un te quiero al que ella no sabe que contestar. Ella aparta la mirada porque es consciente de que sus ojos la delatan. Pero le mira y se entrega a él, en cuerpo, porque su alma no sabe exactamente donde la dejó. Le tiene tan cerca, tan rebosante de deseo, y a la vez lo siente tan lejos... Se deleita con sus besos, con sus caricias, cree incluso que alguna vez podrá sentir algo, pero entonces llega el indomable después.

Y en el después no hay un "te quiero" ni un "estaremos siempre juntos". Tan sólo un hasta nunca y un olvido que amenaza con dominar. Para él eso ha sido todo, se da por satisfecho. Ella en cambio se siente vacía, quiere que sigan los besos, espera palabras de amor, un abrazo y que le coja de la mano. Busca un gesto de cariño que la haga sentir mínimamente especial. Se siente un objeto aunque para muchos sea un pensamiento anticuado, aunque otros tantos la tachen de ingenua. Para ella el sentimiento va por encima de las palabras y del deseo. Para ella el cuerpo no está separado del sentimiento: el cuerpo es el sentimiento del corazón. 





Su corazón quería estar tan cerca de aquí, su cabeza tan lejos...



lunes, 2 de abril de 2012

El brillo de tus ojos

Quizás tus ojos me han engañado. Tu mirada me decía que me quedara contigo mientras todo lo demás me sugería huir. Apariencias, prejuicios, consejos a los que nunca quiero hacer caso, pero que a veces se convierten en realidades, evidencias que aunque luche contra ellas son lo que son. 
Y ahora me siento estúpida, engañada por un muy poco que en mi vida importa mucho, decepcionada conmigo misma por no ser realista, por intentar buscar un algo más, un más allá que no existe y que cada vez me parece más injusto.



Tus ojos me decían ven, quédate conmigo, que no te haré daño jamás, y mi conciencia se cabreaba por no querer ver que mentían. Mi inocencia te daba una oportunidad mientras tú buscabas como engañarla.


El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer. María Zambrano


Un día de esos en los que te sientes idiota.