lunes, 10 de noviembre de 2014

No escribo.

A ningún lugar / Horacio Pelayo
No escribo. 
Ya no escribo porque no sé bien qué decir ni cómo hacerlo. 
Porque evito pensar, evito parar, evito mirarme en el espejo y tener que aguantar mi reflejo. 

No escribo porque ya no sé bien ni quién soy, dónde quiero estar 
ni siquiera donde estoy ahora mismo. 
Las letras se rebelan, las palabras me escupen en la cara 
y mis pensamientos se desordenan en el cajón desastre que  es mi cabeza, 
cada vez más atrofiada por el hastío de no dejarla vagar por algún rincón oscuro en cualquier madrugada.

No escribo porque no tengo ningún paisaje bello que describir, 
ni ninguna acción de la que enorgullecerme, 
no veo nada que me aliente, 
ni vivo un destino elegido por mí. 
Estoy aquí, lejos y cerca de todo, 
haciendo infelices a quienes me hacían tan feliz. 

Cómo voy a ser coherente en la escritura
 si no lo estoy siendo conmigo ni con nadie. 
Si callo cuando quiero gritar, si lloro sin quererlo, 
si estoy donde no quiero estar y donde creía que quería, 
si mi hogar no está en ningún lugar y no me encuentro. 

Escribir me obliga a callarme y a hablarme a mi misma, 
a decirme que no puedo continuar así, 
a preguntarme dónde cojones quedaron mis sueños, 
y en que me estoy convirtiendo; 
a gritarme y reprocharme lo que hago, como lo hago y cuando lo hago. 

Me encuentro deambulando en una de esas pesadillas que no dejan de atormentarme cada noche. 
(Me pregunto porque ni yo misma me dejo en paz). 
Cómo voy a escribir si soy incapaz de conseguir ni un sólo sueño que evite un despertar sobresaltado y triste. 

No aguanto a nadie, 
y mucho menos a mí.
No soporto las risas que me hacían no dejar de reír, 
y me siento muy lejos de las personas que tengo muy cerca. 

El calor de nadie me empapa los huesos 
y la ilusión se pierde andrajosa y sucia entre los escombros de una casa vacía que se cae a pedazos.

Estoy perdida y no me logro encontrar, no lo hace nadie.

No voy a escribir. Hoy no puedo, no quiero. Hoy duele.

martes, 17 de junio de 2014

Vives tan dentro de mí...

Vives tan dentro de mí que siento tu sueño, 
que sufro tu hambre, que vivo tus sueños, 
que admito tus errores y lloro tus penas.

Entras tan profundo... 
que veo en tus ojos 
y suspiro en tu garganta. 
Que si te tocan noto el roce de tu piel, 
que si te llaman respondo.

Vives tan dentro de mí 
que de tus pasos se alimenta mi cansancio, 
y en mi risa se escucha tu voz.


miércoles, 12 de marzo de 2014

Julio Cortázar


Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque la aman, yo creo que es al revés. A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar los huesos cuando salís de un concierto.

Rayuela, Capítulo 93

miércoles, 26 de febrero de 2014

Nos sobran los motivos- Sabina



Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá. Estas cenizas no juegan con fuego, este ciego no mira para atrás. Este notario firma lo que escribo, esta letra no la protestaré, ahórrate el acuso de recibo. Estas vísperas son las de después. A este ruido, tan huérfano de padre, no voy a permitirle que taladre un corazón podrido de latir. Este pez ya no muere por tu boca, este loco se va con otra loca. Estos ojos no lloran más por ti.


Al borde del abismo


Dormí maquillada y sin pijama, con la cama sin hacer, fumando dormida y despertando despertadores. Pronuncié palabras prohibidas y busqué ahogar tu nombre entre copas de bar. Me fui sin pagar, meé en la calle. Entre en casa cuando salió el sol, dando las buenas noches a quien me encontraba. Cogí el coche para huir y acabe corriendo hasta quemar mis pulmones. Brinqué por tejados rotos y desgarré tu olvido. Grité suplicando que alguien me ayudara a olvidarme de ti, que me arrancaran tus recuerdos. Saludé a las nubes con las dos manos y deseé que lloviera para correr desnuda. Abracé a las penas tan fuerte como ellas a mí y volví al lugar donde juré jamás regresar. Perdoné promesas, incumplí caricias, que me rompieron en noches en vela. Besé piedras que parecían blandas y las lancé al río después. Corrí por el mar descalza entrando arena en mis zapatos. Cabalgué por tu pelo, agarrándome a tu olor. Susurré que sólo el tiempo robado está perdido y corrí tras él. Navegué por los vientos de la voz que soplaba fuerte y se fue lejos. Marqué caminos peligrosos para pasar dos veces. Creí querer quererte y queriendo querer creí que quererte merecías y tu dolor me hizo daño.



Las 7


Las 7. 
El llanto de un niño, 
dos yonkies metiéndose otra raya. 
Suena una cafetera, 
salta el pan de la tostadora. 
Un despertador. 
Madrugan persianas, 
pasos descalzos. 
Y no estás. 
Son las 7 y me falta tu cuerpo 
abrazando el mio.

Son las 7, 
y como no estás 
no te puedes ir 
después de darme un beso. 
No hay peleas de sábanas 
un "no te vayas" ni un "ojalá".
Son las 7 
y ya no odio el despertador.
Afuera sigue haciendo el mismo frío 
pero no está tu cuerpo aquí 
para darme calor, 
ni escribo mensajes 
pidiendo que vuelvas pronto. 


7 campanas 
y ya no temo a la carretera 
No hago tiempo en mi cama 
recordando tu última sonrisa.
7 punzadas 
que me recuerdan que los motores de los coches que se encienden 
no son el tuyo. 
7 vecinos 
que siguen asomados en los balcones 
pero que ya no te ven salir. 
7 cigarrillos 
que se consumen en sus manos. 

Suenan las 7 
y en mi cama lo único que se consume soy yo, 
y mi esperanza.
Son las 7, ¿por qué no está? 
pregunta mi cama. 
Y yo no sé que contestarle. 
Sólo le pido que me quite este frío 
que dan las siete sin ti.