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| A ningún lugar / Horacio Pelayo |
No escribo.
Ya no escribo porque no sé bien qué decir ni
cómo hacerlo.
Porque evito pensar, evito parar, evito mirarme en el espejo y
tener que aguantar mi reflejo.
No escribo porque ya no sé bien ni quién soy, dónde quiero estar
ni siquiera donde estoy ahora mismo.
Las letras se rebelan,
las palabras me escupen en la cara
y mis pensamientos se desordenan en el cajón
desastre que es mi cabeza,
cada vez más atrofiada por el hastío de no dejarla vagar
por algún rincón oscuro en cualquier madrugada.
No escribo porque no tengo ningún paisaje bello que
describir,
ni ninguna acción de la que enorgullecerme,
no veo nada que me
aliente,
ni vivo un destino elegido por mí.
Estoy aquí, lejos y cerca de todo,
haciendo infelices a quienes me hacían tan feliz.
Cómo voy a ser coherente en la escritura
si no lo estoy
siendo conmigo ni con nadie.
Si callo cuando quiero gritar, si lloro sin
quererlo,
si estoy donde no quiero estar y donde creía que quería,
si mi hogar no está en
ningún lugar y no me encuentro.
Escribir me obliga a callarme y a hablarme a mi
misma,
a decirme que no puedo continuar así,
a preguntarme dónde cojones
quedaron mis sueños,
y en que me estoy convirtiendo;
a gritarme y reprocharme lo que hago, como lo hago y cuando lo hago.
Me encuentro deambulando en una de esas pesadillas que no dejan de atormentarme cada noche.
(Me pregunto porque ni yo misma me dejo en paz).
Cómo voy a escribir si soy incapaz de conseguir ni un sólo sueño que evite un despertar sobresaltado y triste.
No aguanto a nadie,
y mucho menos a mí.
No soporto las risas que me hacían no
dejar de reír,
y me siento muy lejos de las personas que tengo muy cerca.
El
calor de nadie me empapa los huesos
y la ilusión se pierde andrajosa y sucia entre
los escombros de una casa vacía que se cae a pedazos.
Estoy perdida y no me logro encontrar, no lo hace nadie.
No voy a escribir. Hoy no puedo, no quiero. Hoy duele.

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