Grita mi nombre y púdrete allí,
entre tinieblas y llamas rojas que te abrasen.
Grita, como nunca, como no sabes,
desgarrando y ensordeciendo mi nombre,
hasta que encuentres la respuesta a que te trajo aquí.
Llámame sin nombrarme, suplicante,
que en tu garganta se deshaga mi nombre
mientras te ahogas en un intenso dolor
de palabras gastadas que te silencian.
Grita, que aunque puedas, nadie te escuchará
tu voz te ha abandonado por tanta desdicha.
Ruega compasión por un tren que ha pasado ya,
siendo vagabundo de sueños que rompiste con tus manos.
Grita, pero lejos de aquí, donde no te encuentre.
En ese infierno al que entraste al burlarte de la eternidad,.
La agilidad no salva el engaño, y la culpa te muerde,
feroz, mientras llegan las consecuencias
dejándote desnudo en la cuneta y sin palabras.
Grita, donde no te escuche, donde no pueda volver a buscarte,
donde el silencio no me grite que no tengo nada que perder.
Grítale mi nombre al olvido mientras me voy
que no quede en mí más que el recuerdo de las palabras sin voz,
sordas, que esas son las que nunca duelen.