martes, 12 de noviembre de 2013

Noches Sabina

Noches en blanco,
noches negras,
noches en que no ves nada,
más que dureza y soledad.

Noches que atrapan,
que no dejan dormir.
Noches pidiendo auxilio,
sin rescate.

Noches que se convierten en días,
esperando que amanezca mejor.
Noches tristes,
noches sin noches.
En el que el único refugio es escuchar a Sabina.
Por nada y por todo.






Y si te vas me voy por los tejados, como un gato sin dueño...

lunes, 11 de noviembre de 2013

Escribiendo en la mesa.

¡Que alguien me de el guión de la vida! Donde se explique cómo vivirla, donde se enseñe cuándo llorarle y cómo reírte de ella. Que diga cuando merece la pena luchar y cual es el momento adecuado para dejar de intentarlo. Que recoja como poder seguir tras los desengaños sin mancharte las manos. 

¡Qué alguien me revele la fórmula exacta del buen amor! De cuando se merece y como encontrarlo. Como única solución o como varias, sin tener que recurrir a infinitos. Un manual donde estén escritas las soluciones a los problemas que vendrán y a los que ya se han ido. Donde se avisen cuando no hay solución para no perder el tiempo volviendo a fallar. 

Un lugar donde saber que días sale el sol para no abrigarme de más y que noches serán en las que invadirá el frío para que no me coja desprevenida. Sin más equivocaciones. Se desgastó el lápiz, se acabó el papel. Agoté la tinta con mis errores, con los que decidí y con los que me impusieron, y ahora escribo en la mesa, con la esperanza de que esto se pueda borrar y no deje marca ni huella. Con el deseo de que el único recuerdo sea el de no haber escrito nada. Ni risas ni desengaños, porque no creo en las segundas partes y menos cuando no son definitivas.

martes, 5 de noviembre de 2013

Grita

Grita mi nombre y púdrete allí,
entre tinieblas y llamas rojas que te abrasen. 
Grita, como nunca, como no sabes,
desgarrando y ensordeciendo mi nombre, 
hasta que encuentres la respuesta a que te trajo aquí. 

Llámame sin nombrarme, suplicante,
que en tu garganta se deshaga mi nombre 
mientras te ahogas en un intenso dolor
de palabras gastadas que te silencian.

                                                                                               


Grita, que aunque puedas, nadie te escuchará
tu voz te ha abandonado por tanta desdicha.
Ruega compasión por un tren que ha pasado ya,
siendo vagabundo de sueños que rompiste con tus manos. 

Grita, pero lejos de aquí, donde no te encuentre.
En ese infierno al que entraste al burlarte de la eternidad,.
La agilidad no salva el engaño, y la culpa te muerde, 
feroz, mientras llegan las consecuencias
dejándote desnudo en la cuneta y sin palabras. 

Grita, donde no te escuche, donde no pueda volver a buscarte, 
donde el silencio no me grite que no tengo nada que perder.
Grítale mi nombre al olvido mientras me voy
que no quede en mí más que el recuerdo de las palabras sin voz,
sordas, que esas son las que nunca duelen.