Como un reloj atrofiado paras el tiempo. Viviendo dormido evitas el dolor, pero también pierdes vida. Sal de tu mundo y enfréntate al miedo de intentar olvidar. Despierta, que la realidad es dura y asusta pero es mejor hacerle frente que escapar. Necesito que creas que todo puede ser diferente, de otro color. Que creas en la esperanza, en una ilusión que has dejado perdida. En una sonrisa sin miedos. Que me abrace tu alma y vuelvas a empezar. Pero no como el principio de algo que ya has vivido. No será el principio de ningún final.
Ni todo el dolor del mundo merece dejar de lado el vivir intensamente. Arriesgar y caer, pero levantarse y volver a saltar.
Busca la alegría de vivir en las pequeñas cosas, en los momentos en que no se piensa, sólo se vive. En el olor de las rosas, el cantar de los pájaros. En la sonrisa que te regalo y que ya es tuya, que la tuya está conmigo, en mi cabeza, acompañándome en sueños.
Nada te puede quitar las ganas de soñar, de sentir que vuelas, de olvidarte de todo y de dejarte llevar, sintiendo que sin nada lo tienes todo.
De llegar lejos, vivir deprisa y despacio al mismo tiempo, de reír sin temor de que vendrán tiempos peores, volar con los pies en la tierra, sentir como si fuera la primera vez...
El tiempo pasa cruel y no lo quieres ver, la vida no perdona si no actúas y sólo te evades. Se nos está haciendo tarde. El dolor se sufre y nos obliga al olvido, como un mal día, pero los buenos momentos siempre estarán con nosotros, dándonos aliento, recordándonos que vale la pena intentarlo, que siempre lo vale. No esperes, ¡despierta! Que bien se sabe que quien no arriesga no gana. Y la ambición de algo mejor no se ha de perder. Vence al miedo y déjalo con el mio, que lo he apartado lejos de aquí. Cada minuto, cada segundo puede ser diferente.
Fallar y caer está en nuestras manos, ¿por qué no intentarlo?
Dejamos de jugar, de hacer travesuras, de soñar. Olvidamos nuestra infancia, nuestra franqueza, nuestras locuras, porque nos hicimos mayores o por perder las ilusiones que nos impulsaban en nuestra niñez. Crece, madura y no pierdas nunca la fe y la frescura del niño que llevamos dentro.
Francis Aragón
El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en nos obligan a dejar de soñar que no nos engañarán nunca.
Alfonsina Storni (1892-1938), escritora argentinanacida en Suiza en 1892, en la región de habla italiana. Vivió en Rosario, estudió Magisterio en la Escuela Normal y fue profesora de arte dramático, hizo alguna incursión en el teatro, pero lo más conocido de su obra son sus libros de poemas.
Comenzó su carrera literaria en 1916 con La inquietud del rosal, que recoge las sugestiones intimistas y sentimentales de un post-romanticismo, y publicó El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919) y Languidez (1920).
Después realizó viajes a Europa, en 1930 y 1934, que influenciaron en su obra, se sumó a este cambio, su azarosa vida amorosa y su lucha por el papel de la mujer en la sociedad de la época, además de manejar el tema de la sinceridad erótica. Publicó en esta etapa Mundo de siete pozos (1934) y Mascarilla y trébol (1938). Escribe con menos cánones, y con expresión libre y desprejuiciada.
Se suicidó en 1938 en Mar del Plata, sintiendo la impotencia ante el dolor producido por el cáncer de mama. La noche anterior a que se tirara al mar en la playa La Perla, escribió un poema, que envió al diario argentino La nación, y que fue publicado con su necrológica: “Voy a dormir”, poema que se cree que estaba dirigida a su hijo.